En 1870 (en esta época la investigación era muy rudimentaria y bastante bruta), Hitzig and Fritsch estimularon eléctricamente varias partes de la corteza motora de un perro. Observaron, que, en función del área estimulada, se producía una contracción en diferentes partes del cuerpo. También descubrieron que si destruían una pequeña área de la corteza, la parte correspondiente del cuerpo se quedaba paralizada. Así fue como se descubrió que a cada parte del cuerpo le corresponde una zona en concreto de la corteza motora primaria que controla su movimiento.
En nuestra corteza motora cerebral está representado nuestro cuerpo.
Se podría decir que nuestro cerebro tiene un mapa de nuestro cuerpo en su corteza igual que un mapa de una ciudad donde, con detalle, encontramos calles, barrios, comercios, etc. (¡Mejor incluso que Google Maps!).
Lo más llamativo de este mapa es que las áreas correspondientes a varias partes del cuerpo no son proporcionales a su tamaño, sino a la complejidad de los movimientos que pueden realizar. Por tanto, las áreas de la mano y la cara son especialmente grandes comparadas con las del resto del cuerpo. Esto no es extraño, ya que la velocidad y la destreza de la mano humana y los movimientos de la boca son precisamente dos de las facultades que más nos distinguen como seres humanos: la habilidad para usar herramientas y la habilidad para hablar.
Del mismo modo que hay zonas que conocemos más, que visitamos más en nuestra ciudad, en este mapa motor de la corteza cerebral existen partes de nuestro cuerpo que ocupan mucho más espacio que otras (son las zonas que se muestran en otra escala mayor que otras en los dibujos). Estas zonas son aquellas que se caracterizan por, en general, movimientos más finos (boca, lengua, manos, etc.) y/o, en particular, según cada persona, que usamos más que otras. Este último caso se observa en los pianistas, cuyas manos tienen una representación mayor en este mapa corporal o en lo violinistas, donde la mano que toca las notas tiene mayor representación que la que mueve el arco.
Por tanto, ¿sería interesante aprender a alternar el uso de las manos, de los pies, etc. para conseguir que nuestro cerebro perciba y controle mejor todo nuestro cuerpo? Algunas ideas:
- ¿Qué mano es la que usáis para lavaros los dientes?… ¿Cuánto trabajo os cuesta hacerlo con la otra mano?
- ¿En que oreja os ponéis el móvil?… ¿Y si cambiáis de lado?
- ¿Con qué pierna empezáis a subir una escalera?… ¿Os resulta incómodo empezar con la otra? ¿Tenéis que pararos a pensar para poder hacerlo?
En el caso de personas que sufren una pérdida de movilidad, por dolor o por lesión neurológica, hay que evitar, en todo momento y cuando sea posible, que no olviden la zona afectada y que la integren, dentro de sus posibilidades en su vida diaria. De hecho, es uno de los objetivos más importantes de FisioterapiaGlobal : reeducar los movimientos de la zona lesionada integrándola con todo el cuerpo.
Para nuestro cerebro es más fácil ignorar la parte lesionada, ya que su representación en la corteza cerebral ha disminuido,desaparecido o está asociada al dolor, por lo que si no hacemos un trabajo global aprenderemos a no usar la parte lesionada. La recuperación no será la adecuada, si cuando ha pasado el estado agudo, no se consigue que todo el cuerpo trabaje de forma coordinada, con fluidez y sin tensión.


Milagrosa
27 noviembre 2010
Mercedes, eres una gran maestra, no dejes perder esas dotes, son de mucha valía.
Sigue instruyéndonos con tus lecciones. Gracias
Vicenta
21 noviembre 2010
Magnífica explicación por lo completa y clara.
Muy importante aprender a usar todas las partes del cuerpo. Es verdad que tendemos a lo más cómodo y no sabemos que eso nos hace daño.
Muchas gracias y sigue así.