
Las primeras vacas que vi en directo, muy de cerca, fueron hace muchos años, cuando aún era un niño y fuimos a ver a la sobrina Rosario de mi abuela Charo (ambas tenían el mismo nombre aunque las llamaban diferente para poderlas distinguir fácilmente). No es que Rosario fuera una vaca sino que vivía y era dueña de un campo lleno de estos animales lecheros.
Tras esos lejanos recuerdos no volví a ver vacas cercanas hasta que pasé el verano de 1986 en las experiencias cerámicas de Sargadelos, de las que fui alumno ese mismo año. Sería entonces cuando las ví bastante en la aldea de Cervo, en Galicia.
Desde entonces, y mira que ha llovido, nunca volví a tener una vaca a menos de un palmo de mis narices. Se trataba de una experiencia con la que podía convivir sin mayor problema.
Este fin de semana pasado estuve por Menorca y justo el sábado, ya terminadas las reuniones a las que fui, me llevaron a disfrutar de la feria de la ganadería de Alaior, en pleno centro de la isla.
Allí, entre todas las cosas y animales que exponían, se celebraba el encuentro de la vaca frisona (creo que eso de “frisona” es un tipo de raza). En ese lugar volví a encontrarme con una vaca directamente.
En ese momento me acordé de la prima de mi abuela, de Sargadelos (lo mismo me pido el volver a ir este año o el que viene) y de lo marciano que me sentía al verlas a todas ellas ahí, tan limpitas (era un concurso y las tenían como a “los chorros del oro”) y dispuestas a ganar su trofeo.
Qué cosas más raras cuento hoy, no crees ? jejejeje.. Será que la alergia que me ataca en estas fechas en las que cambia tanto el tiempo ha vuelto a hacer acto de presencia, me tiene frito y busco cosas que me diviertan para así olvidarme de ella.
je je je..






