
Ayer fue la noche del vino, perdón… “del arte” (nit del art), en Palma de Mallorca. Se trató de un evento en el que las galerías abren sus puertas hasta muy tarde, inauguran exposiciones, la gente sale en tropel a la calle (algo inaudito en esta ciudad) y te encuentras con todo el mundo al son de “¿todo bien?, pues me alegro… uep!.. ya nos vemos y nos decimos cosas, ¿vale?”. Ni que decirte tengo que luego no te dices nada más hasta la nit del art del año siguiente… jejeje
Durante los recorridos por las diversas galerías también intentas ver la obra de los artistas. Te digo “intentas” porque hay tanta gente, y en todas partes te ofrecen un rico vino, que al final no ves nada (o lo ves todo doble en función de lo que has bebido) y sí te socializas mucho (no todo el mundo, aquí no hay que ser tan malvado.. jeje, te dice un “nos decimos cosas” sino que muchos también se quedan con tu grupo, o tú con el suyo, y continúas así hasta que hechas el cierre a tu propia noche).
Esto que vivimos ayer fue también una vuelta al recuerdo de aquellos tiempos en que estudiaba en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla y en los que tras las clases de al menos un día a la semana nos íbamos de “inauguraciones” a conocer nuevas recetas de canapés y a ver poco arte (eso, se supone, lo veíamos otros días, sin tanta gente, prácticamente a solas en la galería que habíamos visitado entre tapas y vinos).
Fue un regreso al pasado que me agradó tanto que, entre vino y vino, me pareció ver uno de los cuadros no doble… sino con una copa en mano, apuntándose a la fiesta del arte palmesano. Por si no me crees aquí te dejo un apunte de lo que hoy, al levantar, medio recordaba.. jeje..
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