A eso de las seis, a punto de salir de la jornada vespertina, Andrea me preguntó si le ilustraría sus nuevas zapatillas rojas. Nunca antes había hecho algo igual. Dibujar sobre un zapato de lona ajeno era todo un reto.
Aprovechando el cambio de planes relacionados con el mar, la arena y el no hacer nada, tomamos el coche, marchamos a la cercana Burela donde ella compró un rotulador y su nuevo calzado. No solo vino Andrea, también paseamos y reimos con Nanú, Irene y Ana Belén. Juan quedó en la aldea reponiéndose de nuestra última queimada.
En Burela, fue sentarnos a tomar algo y comprobar como cuando en Galicia llueve lo hace de verdad. Aproveché esa caída de agua en plan diluvio veraniego para tomar los habíos y realizar este par para mi amiga. Aquí te dejo los resultados, aunque en sus pies lucen más que en cualquier foto.
Al día siguiente hice dos piezas más. Una para Teresa y otra para Ana Belén. Esa misma tarde, que no se me olvide, también intercambié un pie con Nanú. Ella me dibujó el izquierdo y yo a ella el derecho. Del recuerdo de la queimada de la noche anterior aprovechamos el hacer un conjuro que solo Nanú y yo conocemos.







Que chulas han quedado estas victoria, quiero unassss jeje un saludo
Ei.. lo tuyo sí que también es chulo
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