Te comentaba ayer que andé escribiendo el apunte sobre las primeras zapatillas que ilustré al mismo tiempo estaba escuchando, quedando conmocionado por todo lo que sucedía, lo referente a las primeras noticias sobre el accidente aéreo de la compañía Spanair en el aeropuerto de Barajas en Madrid.
Han pasado casi doce horas del trágico suceso y aún gotean las noticias. No son buenas. La sensación de tristeza aumenta ante todo lo que se va confirmando.
El sesgo de vidas, sean humanas o no, siempre me conlleva abrumamiento. Los de hoy, por lo imprevisto y por la sensación de complicidad que me dan todos los que, como yo mismo, usamos el avión como medio de transporte, hacen que esta sensación sea mucho mayor.
Lamento lo sucedido, como todas las personas, y no desde un “podría haber estado entre ellos” , como hoy me apuntaba una amiga que también hace uso habitual de esta forma de desplazarse, sino desde una sensación de que siempre, a partir de ahora, nos encontraremos con todos estos y éstas que ahora ya marcharon cada vez que volemos y miremos desde la ventanilla de nuestros propios viajes.
Desde el sentimiento humano que surge alrededor de toda historia ajena que nos afecta quisiera compartir un fuerte abrazo con todos aquellos que ahora lloran la pérdida, o ingreso hospitalario, de sus seres queridos, involucrados en este inesperado incidente aéreo.
Nos vemos entre las nubes, en el mismo aire. Desde la vida recordaremos a quienes ya no estáis y siempre os sonreiremos con la simpatía y complicidad de vuestro eterno recuerdo.
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