Hoy es 20 de noviembre. Hace años, en el 75, pasaron cosas que sirvieron para que este país nuestro progresara hacia una democracia. Personalmente, ese mismo día, también tuve un cambio: me operaron de las amígdalas en una intervención que no le deseo a nadie, tal y como me sucedió a mi.
Los siete días de luto nacional por la muerte del dictador me los pasé con la garganta inflamada cual pavo antes de Navidad, cuando ve el cuchillo acercarse, y aprendiendo a hacer quebrados, cosa matemática que odio desde entonces gracias a que mi madre, profesora de primaria, se había interesado de lo que en esos días de convalecencia postoperatoria darían mis compañeros de clase en el caso de que aquel no hubiera muerto y en vez de números, mis colegas de cuarto de básica, estuvieran jugando… mientras uno, desde la ventana de casa.
A partir de ese 20 N, amígdalas aparte, comenzó una época de ilusión que hoy, viendo esta ilustración, la base a lápiz de un trabajo que encargaron para una publicación relacionada con la UNESCO, hace unos años y con un tema distinto, podría servir para reflejar desde el trazo.







