Artículo de opinión publicado en la revista Visual el número septiembre/octubre de 2001.
I
Quizás ello no sea subliminalidad sino imagen latente. En World Wide Web sucede algo parecido.
No todo es lo mismo. Lo que diseñamos como interfaz gráfica de usuario no es realmente lo que llega de manera exclusiva al usuario. Existen otros elementos, otras partes constituyentes del mismo documento Web que ofrecen una imagen que no captamos de manera directa y que si no controlamos podemos encontrarnos con que a través de ella estamos dando a entender algo distinto a lo pretendido. Nos volvemos a referir a la imagen latente antes mencionada.
II
En la Facultad de Bellas Artes de Sevilla hubo varios profesores que nos comenzaron a enseñar a ver ritmos, formas y elementos ocultos en los trazos que depositábamos sobre lienzos y papeles de dibujo. Es justo mencionar a Lola Sánchez Díaz, José Luis Mauri y Teresa Carrasco entre tantos otros.
Ellos nos mostraron la necesidad de girar la obra, dándole la vuelta y dejándola reposar durante un tiempo hasta que volviéramos a convivir con lo real. Con ello logramos observar cómo nuestros primeros trazos no se correspondían, en muchos de los casos, con las intenciones previamente observadas. A veces esto nos suponía rehacer todo aunque con una ganancia mutua: nuestra y de los resultados finales.
En diseño sucede lo mismo. Nos lo recordaba Álvaro Sobrino en su conferencia de la pasada Primavera de la Comunicación de Palma de Mallorca a inicios del verano de 2001. No debemos quedarnos con la primera idea que nos venga a la cabeza, hay que dejarla reposar para volver a ella con la mente fresca y así poder desarrollarla mejor, o desecharla por otra más efectiva, y valorarla junto con otras miradas críticas que serán la nuestra y la de los colegas involucrados en el desarrollo de la misma, algo que en Web son los otros miembros del equipo.
III
Toda obra tiene vida propia a la que aportamos elementos positivos que la hagan crecer. Lo hacemos desde el equipo de realización y desarrollo. Los diseñadores somos parte del mismo y hemos de entender que con tan sólo realizar maravillosos pantallazos de carácter efectista desde software de tratamientos de imagen como pueda ser Photoshop ©, y similares, no está todo hecho. Es más, si nos quedamos aquí nunca avanzaremos y correremos el peligro de ofrecer una imagen directa y latente equivocada.
Es nuestra misión hacer que la fase del proyecto que nosotros desarrollamos sea algo conjunto con el resto de los miembros del equipo.
Dentro de esta labor está la de participar activamente en el desarrollo de todo aquello que aparezca escrito dentro del documento en cuya implementación estemos colaborando.
Con ello no nos referimos al empleo de tal o cual tipografía, así como del análisis de su compatibilidad en forma y tamaño sobre las distintas plataformas – Macintosh, Pc, etc—o los navegadores más empleados – Nestcape, Internet Explorer, Ópera—dentro de sus varias y a veces incompatibles versiones.
A lo que queremos hacer referencia es al modo en que el texto se presenta, en cómo se escribe y adapta al soporte Web ya que si asimilamos que diseño gráfico sobre papel no es igual a diseño de interfaz gráfica de usuario en documentos Web, tampoco lo es papel y soporte electrónico en red.
Como ayuda inicial existen varios textos. Entre ellos están los de Kilian --“Escribir para la Web” (Ed. Deusto. Bilbao, 2001)-- y el de Morris --“Palabras e-lectrónicas” (Ed. Prentice Hall – Expansión. Madrid 2001)--. Ambos son un buen punto de partida para entender cómo estructurar el verbo desde Web hasta el usuario que nos lee en el mundo real, controlando así una buena parte de la imagen latente que ofreceremos.
IV
Que luego la red esté llena de documentos inútiles como los que Carmen Delgado nos muestra en su “Guía Inútil de Internet” (RBA – La Magrana. Barcelona, 2001) no constituye defensa alguna al olvido de los parámetros que traemos a este texto –lo directo, lo latente, lo gráfico y lo verbal-- unidos con lo que vivimos en el mundo real ya que aquí es donde estamos nosotros y nuestros usuarios, los cuales emplean, de momento, la palabra escrita para leernos.
V
En “La novia de Matisse” (Editorial Alfaguara. Madrid, 2000), Manuel Vicent cuenta la historia de un personaje vacío de sentido que padece una grave enfermedad. Tras el desarrollo de la trama salva su mal tras encontrar su porqué en la vida, o al menos algo en lo que se siente útil, tras analizar su existencia tanto dentro como fuera de ella, incluso pasando crisis y periodos de espera.
Quizás esta metáfora pueda servir como punto de partida para releer, pensar y valorar como seguir madurando a partir de los conceptos que hemos hilvanado.
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El arte de la ilustración, del concepto al éxito
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