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Aire
Interrelaciones fuera de la red

Artículo de opinión publicado en la revista Visual el número enero/febrero de 2001. 

aire

 

I

Desde su libro “Seda” (Anagrama 1997) Alessandro Barico plantea la historia de unos viajes en busca del material que da le da título. Sin embargo el tema real del texto no es esa historia sino el pie que da para contarnos otra. El desenlace de las últimas páginas nos muestra como ha estado bordando la metáfora para relatarnos algo tan antiguo como los sentimientos humanos.
 

A principios del siglo que acaba de finalizar surgió el teléfono. Desde el “Ordenador invisible” (Paidós>Multimedia>Digital>13), Donald A. Norman, nos recuerda que llevó décadas comprender y aceptar el teléfono. Por otro lado aún recuerdo algún documental de TVE-2 en el que mostraron anuncios en los que una bella Miss América de la época giraba un gran círculo con los números para mostrar su funcionamiento.

 

Tanto en la metáfora de “Seda” como con el hecho histórico de el teléfono, vemos que la introducción gradual de nuevos, e incluso viejos aunque relatados de otra manera, conceptos ha de ser progresiva.

 

Jugar con el impacto sólo provoca sorpresa repentina y abandono si esta primera impresión ha mostrado que el nuevo producto no se adapta a la manera natural de la vida de la gente: los usuarios.

 

Sabemos desde los tiempos del “garaje”, aquellos en los que nace el primer Macintosh, que la tecnología ha provocado innovaciones rápidas. También conocemos que ello ha hecho convertir en “estrellas” a los innovadores. La riqueza, invento social, se hace mella en ellos. La gente los idolatra y envidia. Marcan un estilo similar al que Diana de Gales hizo seguir a tantas jovencitas de su época con respecto al peinado. Consiguen que la manada le siga... sin embargo, en su mayoría sólo son “estrellas”, no perros de ganado. Por ello, el rebaño se pierde.

 

A modo de leña para alimentar este fuego en estos dos últimos años estamos asistiendo al resplandor de las punto com. Como todo brillo fugaz ahora vemos la caída de muchas de estas empresas. No es nada raro. Antepusimos la gula monetaria a las necesidades que realmente pide la sociedad para continuar madurando.

 

Por un lado se ha visto que la gente ha comprado valores en bolsa atraídos por la idolatría y envidia antes vista. Nos hemos dejado atrapar por la chifladura tecnológica y ahora pagamos los resultados.

 

De todas formas nada de esto me extraña. Ya sucede en otros campos como es el cine. La actriz Uma Thurman cuenta a El País Semanal (n. 1260) que en el negocio al que pertenece “todo el mundo tiene una temporada de ser lo más para luego dejar de serlo”, incluso insiste en una idea que compartimos “es una forma muy provisional de mirar las cosas. Y, si uno se deja esclavizar por esta visión, el universo se convierte en un lugar muy desagradable”.

 

¿Se ha dado usted cuenta que con la red, con el diseño de documentos World Wide Web nos está sucediendo igual? No sólo me refiero a las palabras de Thurman, sino a todo aquello que hasta aquí ha leido.

 

II
Lo que propongo es iniciar una serie de planteamientos que, al menos a los diseñadores a los que se dirige esta revista, nos haga ir “sembrando” una manera distinta de ver las cosas... aunque quizás la palabra “distinta” sea errónea... quizás podría utilizar mejor el concepto “replanteada en búsqueda de lo que el usuario, la gente, nos pide”.

 

Pienso que es una buena idea dejar de lado el “boom” que hoy agobia al usuario con expectativas que nunca se cumplen (ver cualquier anuncio en prensa, o televisión, sobre los “megaportales” que pueblan la red) y que es mejor parar un poco, al menos un día a la semana, para volver la vista hacia nosotros, el género humano destinatario de todos estos millones de documentos World Wide Web y observar si las indicaciones gráficas que estamos ofreciendo, como diseñadores, son fácilmente entendibles por parte de nosotros mismos, los usuarios. Para ello nada mejor que desconectar y volver a encontrarnos con la naturaleza, la literatura, los amigos, la familia, las plazas de abastos... con nosotros mismos...

 

El tema no es cuestionar el “avance imparable” de las nuevas tecnologías, el cual nos dará, a bien seguro, buenos beneficios sociales. Lo que planteo es no dejarnos llevar por modas (¿cuántos documentos World Wide Web realizados en los últimos tiempos siguen la estela gráfica dejada por el “megaportal naranja”, con todos sus fallos de navegación y composición incluidos, cuando no “fusilan” el “último grito londinense” ?). Tan sólo se trata de parar un rato y desconectar de la máquina para reconectarnos a la sociedad a la que pertenecemos, y/o nos dirigimos.

 

De paso, también, y una vez hayamos cubierto lo antes dicho, no está nada mal ojear documentos ajenos. Para ello nada mejor que tomar lápiz y papel, medios de “antes de la era tecnológica”, y tomar notas sobre lo que los otros, la “competencia” nos dice y cómo nos lo dice. Sin sentenciar si eso que vemos es hermoso u horrible, sino desmenuzando la acumulación de significados que se nos intentan mostrar desde esos otros trabajos.

 

Fernando Contreras, desde “El Cibermundo. Dialéctica del discurso informático” (Alfar, 1998) nos apunta cómo las herramientas informáticas, que utilizamos para crear nuestros contenidos e interfaz gráfica de usuario, pueden ser utilizadas no bajo una visión “catastrofista”, como la que podrían tener los primeros usuarios del teléfono, sino con “la esperanza de que aparezcan nuevas preguntas sobre lo esencial en todas las cosas y destinos”. Aprendiendo, a fin de cuentas, de todo lo nuevo, aunque, como también referencia en este mismo libro (en relación a Habernas y su texto “Ciencia y técnica como ideología”, 1992) que “la fuerza de la autorreflexión el conocimiento y el interés son uno”.

 

III
Conozco plazos, necesidades marcadas por departamentos de marketing y objetivos de venta. No por ello abandono la idea de seguir viendo “qué sucede fuera de mi estudio”. Observar, mirar, involucrarnos... en todo lo que nos rodea... recordando lógicas palabras de Norman Potter (“Qué es un diseñador”, Paidós Estética 27) desde las que apunta la ventaja que tenemos los diseñadores de “compartir una determinada sensibilidad visual (...) desde un campo a otro”, interrelacionando conceptos.

 

También sé que reconducirnos no es tarea sencilla, sobre todo para nosotros mismos. Sin embargo habremos de abrirnos más ya que es la sociedad, a la que pertenecemos, la que terminará depurando y marcando las pautas de interfaz gráfica de usuario que querrá ver y entender en los documentos World Wide Web que les podamos diseñar.

 

Quizás, el continuar estudiándonos nos permita llegar “un poco antes” a la palestra... y, quizás, nos de ese “brillito momentáneo” que tantos parecen buscar.

 

Ahora es un buen momento. Todo está comenzando y la sociedad empieza a darse por aludida léntamente (no todos los hogares tienen un ordenador conectado a la red). Conocer a los usuarios que aún no tenemos, saber de ellos, de nosotros mismos, descubrir cómo contárselo bien, aprendiendo de “Seda” si es preciso, es la clave.

 

 

 

ilustración de esta página: FernandezCoca.com
imagen hospedada en flickr.com/FernandezCoca

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